El asado es mucho más que una comida en Argentina: es un ritual social, un lenguaje compartido y, en Buenos Aires, hay parrillas que lo elevan a categoría de arte. Desde el bodegón de barrio hasta el restaurante gourmet, la Ciudad tiene opciones para todos los bolsillos y todas las ocasiones.
Don Julio (Palermo)
Ubicado en Guatemala 4699, Don Julio es probablemente la parrilla más premiada de Buenos Aires. Con reconocimiento internacional y lista de espera habitual, su especialidad son los cortes madurados en seco y una carta de vinos de primer nivel. No es el más barato, pero la experiencia justifica el precio para una ocasión especial.
La Cabrera (Palermo)
En Cabrera 5099, La Cabrera combina cortes generosos con una experiencia informal y bulliciosa que encarna el espíritu del asado porteño. Sus guarniciones son legendarias: llegan a la mesa en pequeñas cazuelitas con cada pedido. Conviene ir temprano o reservar con anticipación.
Opciones de barrio: auténticas y accesibles
Para quienes prefieren el bodegón sin pretensiones, cada barrio tiene sus clásicos. El Pobre Luis en Belgrano (Arribeños 2393) es un emblema de la parrilla familiar. Parrilla Peña en Recoleta (Rodríguez Peña 682) mantiene la esencia del asado porteño de siempre. En San Telmo, La Brigada (Estados Unidos 465) es reconocida por sus carnes y su ambiente tradicional.
Cómo pedir en una parrilla porteña
Los cortes más populares son el bife de chorizo, el ojo de bife, el vacío y el asado de tira. El punto de cocción habitual en Buenos Aires es «jugoso» o «a punto» —equivalente al medium-rare internacional—. Si no se indica lo contrario, el mozo suele preguntar. Las achuras (chinchulines, mollejas, morcilla) suelen venir antes que los cortes principales y son parte esencial de la experiencia.