¿Qué nos ata a los teléfonos móviles?

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Expresiones como “No puedo vivir sin mi teléfono”, “Debo tenerlo cerca, sino me siento raro (a)”, o “Siempre reviso mi teléfono sin que suene”, son cada vez más comunes en nuestro día a día, y ejemplos de una persona que sufre nomofobia o “miedo irracional a no salir de casa sin su teléfono móvil”. Pero, ¿Por qué ocurre esta situación?

De acuerdo a un estudio del departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd en Budapest (Hungría), más del 55% de los usuarios de smartphones experimentan casos de nomofobia, que podrían atribuirse a cómo nos apegábamos a ciertas personas importantes durante la infancia.

“El apego a nuestros padres o las personas que nos cuidaban tenía una función clara. Pero, este comportamiento también puede ser desencadenado en la edad adulta, pues los seres humanos nos desenvolvemos mejor en situaciones donde otros nos dan una sensación de cercanía y seguridad. Cuando no tenemos a esas personas disponibles, comenzamos a buscar sustitutos: Mascotas, juguetes u otro tipo de artículos, es decir, los teléfonos”, comentaron los investigadores.

Aparte de esa teoría, existen dos razones poderosas que desarrollan en el colectivo cierta “esclavitud” hacia el teléfono móvil. La primera, esos dispositivos permiten el contacto con otras personas casi de inmediato, así que reduce la distancia que se pueda tener de familiares, amigos u otros conocidos. Segundo, en esos aparatos se puede recolectar una extensa información personal o pública como fotos, videos y música, con la cual los personalizamos e inconscientemente aumentamos así su valor y apego sentimental.

Para la referida investigación, se tomó como muestra a 142 individuos con edades entre 19 y 25 años, a quienes se le efectuaron ciertas pruebas que comprobaran un vínculo real de ellos con el teléfono móvil. El estudio determinó que “la ansiedad derivada del miedo a la separación del móvil, predecía una mayor necesidad de contacto, lo que significaba que para los que tenían una elevada ansiedad por la cercanía con el móvil, la función de facilitar la relación con sus familiares era lo más importante”.

Como dato curioso, los científicos precisaron que las mujeres en estudio se apoyaban más en esos dispositivos electrónicos para enviar mensajes de texto y llamadas, ante la población masculina, descubriéndose que las chicas ven al teléfono como una herramienta social, en contraste con los varones que lo usan para buscar informaciones específicas y realizar diversos juegos. Por lo tanto, se concluyó que el grupo femenino tiene una mayor dependencia por el móvil.




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