Inyección mensual como parte de la terapia antirretroviral

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Un estudio publicado recientemente por la revista británica “The Lancet” afirmó que una inyección mensual en pacientes que padezcan del virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH-Sida), es no sólo suficiente sino igual de eficaz que si consumieran una pastilla diaria como parte de su terapia regular antirretroviral (TARV).

En este nueva investigación se determinó que una sola inyección puede controlar la enfermedad del mismo modo en que ocurre con el método que para la fecha mantiene la mayoría de los seropositivos en gran parte del mundo, lo que podría convertirse en una alternativa médica para esta amplia comunidad de pacientes.

Cada una de las inyecciones que fueron tomadas en cuenta para el estudio, en más de 200 personas con VIH -aunque con carga viral indetectable-, contenía dos moléculas de antirretrovirales que se les colocaron cada cuatro u ocho semanas, en un lapso no menor a dos años.

Cumplido este tiempo, se obtuvo como resultado que al menos un 87% de la muestra total de pacientes, que recibió el tratamiento médico cada cuatro semanas, no se le detectó la carga viral. Y esto se repitió en el 94% de aquellas personas en estudio que se beneficiaron del mismo tratamiento cada ocho semanas.

Una de las moléculas usadas para el experimento fue Cabotegravir, desarrollada por el laboratorio ViiV Healthcare, que forma parte de la filial GSK, Pfizer y Shionogi, todas especializadas en VIH, y donde labora uno de los autores de esta increíble investigación, el doctor David Margolis.

Como segunda molécula dentro del estudio estuvo Rilpivirina, que ha sido desarrollada por el laboratorio Janssen, perteneciente al grupo Johnson and Johnson. Con esta impensable alianza, se logró crear uno de los primeros tratamientos médicos inyectables de acción prolongada, para esta terrible enfermedad que afecta al menos unas 36.7 millones de personas en todo el globo, cifra que se manejaba hasta el mes de junio del 2016.

Si esta investigación mantiene los resultados ya mencionados, se podría comenzar la producción para el mercado de este tratamiento en forma de inyección para cada cuatro semanas, lo que representaría “un hito en la historia de lucha contra el sida”, como bien lo diría el doctor Margolis.

El único efecto secundario que se detectó con frecuencia en los pacientes del estudio, fue un dolor en la zona donde recibieron el pinchazo y que se prolongó por tres días.




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