Innovaciones ecoambientalistas a tomar en cuenta

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Expertos en temas de invención, que además apoyan proyectos reales pro-ambientalistas en nuestro mundo, nombraron las tres mejores y más actuales innovaciones que pretenderán aportar un granito de arena al rescate de muchos ecosistemas marinos y terrestres.

El primero de ellos trata de sensores de agua en 3D: Se sabe de las consecuencias sobre la escasez de agua que se ha intensificado en algunas partes del globo, además de los focos de contaminación que ha afectado y/o limitado el consumo del vital líquido en ciertas comunidades.

Entendiéndose eso, investigadores de la Universidad de Columbia Británica idearon la colocación de sensores de agua a pequeña escala, siendo aparatos que pueden crearse por medio de impresoras 3D, haciendo así el trabajo más fácil y económico. Dichos sensores se encargarían de detectar cualquier dato relevante sobre el PH del agua, sus niveles de cloro, temperatura o cualquier contaminante que exista en toda su área de estudio.

Cada sensor de agua no estaría exento a fallar, no obstante, trabajará bajo un sistema de clúster, por lo que se desplegará en una amplia red de agua, apoyándose por un plan de distribución altamente vigilado.

Pulseras innovadoras

Pronto existirá una serie de pulseras que se encargará de recoger o recolectar energía suficiente a partir de los movimientos que con ella se ejecuten, y con esto alimentar diversos aparatos que tengamos a la mano, como un smartphone, por ejemplo.

La idea surgió de científicos de la Universidad Tecnológica de Chogqing junto con la Academia China de Física e Ingeniería de Sichuan. Ellos fabricaron una pulsera que absorbe energía bioquímica de los movimientos naturales que hace la muñeca mientras caminamos o ejecutamos varias actividades cotidianas.

Luego, esto se convierte en electricidad, pues la pulsera tiene en su interior bobinas conductoras de cobre, así que los imanes giran alrededor de ella respondiendo a los movimientos de la muñeca en la medida que pasan a través de las bobinas, registrando una potencia de más de un milivatio.

Restauración de antiguas cepas

El cambio climático es algo real y va en aumento. En el caso de los lotes agrícolas donde se cultivan uvas para el vino, por ejemplo, ha sido seriamente afectada su producción por el incremento de las temperaturas, que ha acabado con un porcentaje elevado de ellas.

Gracias a esa penosa situación, la Bodega Torres, situada cerca de Barcelona, pretende revertir el inconveniente por lo que busca “revivir” aquellas variedades de uvas que sí logran subsistir en climas comprometidos.

Para cumplir el objetivo, las cepas se mezclaron con un grupo más resistente y fuerte ante ciertos eventos de su entorno. Esta Bodega, apoyada ahora por el Instituto Nacional de Investigación Agrícola de Francia, se mantendrá estudiando aquellas variedades que logren brotar en los invernaderos, debido a que algunas poseen la capacidad de madurar justo antes del invierno.

Lo curioso de este caso es que se debió “escarbar” en el pasado, para tratar de conseguir un mejor y próspero futuro… al menos en lo referente a la producción de cepas de uvas. Cosas de la vida, tal vez.




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