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Estados Unidos define su nueva diplomacia hacia América Latina

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Se quiere replegar la influencia político-militar de Rusia y la que China con su poderío económico han logrado calar en la región latinoamericana

Le tomó un año, después de haber asumido como secretario de Estado de los Estados Unidos, a Rex Tillerson realizar una gira oficial donde sus vecinos y socios comerciales en América Latina y el Caribe. Pero al concluir esa visita, que para analistas nicaragüenses tardó demasiado en realizarse, el secretario Tillerson tomó decisiones que dan señales de cuál será la política de relaciones exteriores que el gobierno de Donald Trump aplicará en Latinoamérica.

La gira duró del 2 al 7 de febrero por México, Argentina, Perú, Colombia y su última parada fue Jamaica. Que el secretario Tillerson eligiera esos países para acercarse a la región no fue al azar pues todos son socios comerciales y aliados políticos necesarios para retomar la influencia perdida por Estados Unidos en el resto de la región.

El punto claro de esa nueva política de relaciones exteriores de Tillerson es que se quiere replegar la influencia político-militar de Rusia y la que China con su poderío económico han logrado calar en la región latinoamericana.

“El (presidente) ruso Vladimir Putin tiene aspiraciones imperialistas, y no se puede ignorar que Rusia es un actor incómodo para Estados Unidos pero por su capacidad estratégica para generar daño cuando lo quieren hacer con el espionaje o ciberespionaje”, afirma Félix Maradiaga, director del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp) en Managua.

En el caso de China, el sociólogo Óscar René Vargas explica que los últimos diez años “aterrizó cómodamente” en Latinoamérica y lo demuestran que a finales del 2016 las empresas chinas invirtieron más de 192,000 millones de dólares en proyectos de construcción, de infraestructura desde puertos, aeropuertos, líneas ferroviarias, oleoductos y gaseoductos y otros proyectos.

China anunció un plan de inversión a América Latina por veinte billones de dólares para 2020. “Todo esto es parte del juego de la pretendida renovación de la imagen de Pekín como actor global y detractor del proteccionismo que auspicia el actual inquilino de la Casa Blanca (Donald Trump)”, afirma Vargas.

 “Las relaciones de Estados Unidos hacia el resto del mundo, especialmente geopolíticas se hacen en base de construcción de doctrinas de política exterior. (…) Pero con Trump esa política exterior es de incertidumbre ya que hay una tendencia aislacionista de Estados Unidos”, afirma Velásquez.

Pero el sociólogo Óscar René Vargas no ve una política exterior dudosa, por el contrario dice que está clara con la decisión de nominar como secretaría adjunta de Estado en la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental a Kimberly Breier, exanalista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y experta en América Latina.

Esa oficina es la responsable de implementar las políticas de EE.UU. en América Latina, por lo que de confirmarse a Breier sería clave en un momento de tensas relaciones con la región sobre la inmigración, el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá y el régimen de Venezuela.

“Hasta hace poco no había nadie encargado para América Latina, ahora sí y es de la Inteligencia, y esto tiene su razón en que Rusia está fortaleciéndose en la región al restaurar su colaboración técnico-militar con Cuba y aumentando su presencia en Centroamérica, con el centro que instalaron en Nicaragua, que según Estados Unidos es de espionaje”, explicó Vargas.

En el radar “por torpeza”

Los analistas Velásquez, Maradiaga y Vargas coinciden en que la amistad con Rusia y Venezuela del gobierno del nicaragüense Daniel Ortega ha puesto al país en el radar de Estados Unidos puesto que esa cercanía supondría un riesgo de desestabilización en Centroamérica.

El istmo centroamericano para los analistas ha tomado relevancia para la seguridad nacional estadounidense por el incremento de inmigrantes y el tráfico de drogas.

Como parte del fortalecimiento de la cooperación técnico-militar entre Ortega y Putin, Rusia construyó a las afueras de Managua, capital de Nicaragua, la estación terrestre del Sistema Global de Navegación por Satélite (Glonass), que inquietó al Gobierno de EE.UU. por considerarla un centro de espionaje ruso.

Sanciones como arma diplomática

Para intentar minar esa expansión Tillerson marcó a Rusia y a China como amenazas para los valores democráticos de América Latina.

Maradiaga lee en ese mensaje que “Estados Unidos está de regreso en sus aspiraciones hegemónicas”, y por ello no es casualidad que presiona a los regímenes simpatizantes con esas potencias como Cuba, Venezuela y Nicaragua, donde el gobierno estadounidense considera que hay gobiernos dictatoriales.

Estados Unidos ya aplicó sanciones económicas a la petrolera venezolana PDVSA y a funcionarios de ese país, incluido el presidente Nicolás Maduro, a quien calificó como dictador en julio de 2017.

Además se amenaza a Nicaragua con vetar su acceso a financiamiento en organismos internacionales, a través de la Nica Act (una propuesta bipartidista actualmente en el Senado) y con sancionar políticamente a más altos funcionarios del gobierno de Ortega, una decisión que tomó Trump.




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